miércoles, 4 de abril de 2012

No hay título para este desorden.

Es la sexta vez que sueño contigo en cinco días. Y todos esos sueños vienen a dibujarme las mismas mentiras, creando un tú que me busca, un tú que no existe. Un tú que decide que la vida sin mí no era vida. Y comencé a odiar las caricias, los besos, los ojos brillantes, las flores y las cartas de amor pensando un "quién pudiera".
Y comencé a soñar con irme de aquí, sin importarme lo que dejaba porque ya no te dejaba a tí, tú ya me habías dejado.
Y empezar a encerrarme en mí misma, fría como el hielo, dura como la roca. Porque quizás esa era la forma de evitar que alguien pudiera volver a hacerme daño. Y cometer el error de buscarte en otras bocas, para acabar perdiéndome a mi misma y la esperanza. Y a ratos, la libertad me consolaba, más presente que nunca. Pero desprecié toda la libertad que un día quise por culpa de tu recuerdo. Descubriendo que la ilusión es un arma de doble filo, y que a menudo me corté por ambos lados. Intentando hacer la única cosa que me relaja, cualquier cosa que me impida pensar/te.
Y lo estoy intentado, lo estoy intentando con todas mis fuerzas mientras me pregunto a qué juegas, a qué vienes y qué quieres. Produciéndome dolor de cabeza, pero más me duele tu sonrisa, pues ya no soy la causa.
Podría empezarte a besar, y a ver qué me dices después... Podría decirte que dejases a un lado la cabeza, y dieses paso al corazón, pero tampoco estoy segura de estar ahí dentro. Y me levanto rogándole a la vida que se porte bien, cuando solo necesito que te portes bien tú, rogándotelo de rodillas.
Intento pensar fríamente, pero pasa... Pasa que tengo un corazón en el cerebro. Y que cuando parece que sí, es que no... Y cuando aceptaba que no, vienes tú. Y ya no existen dudas, mi alma afirma que con NADIE si no es contigo, aceptando las consecuencias. Como acepté las consecuencias de dejarte ir, siguiendo enamorada de tí.

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